Donde todo empezó
Hubo un momento en el que sentí que ya no podía sostenerme en la forma en la que venía viviendo.
Había hecho todo lo que se supone que debía hacer: terapia, libros, cursos, procesos, introspección.
Y aún así… me sentía vacía.
Desconectada de mí.
Como si supiera muchas cosas de mí misma… pero no pudiera vivirlas.
Como si tuviera claridad, pero no verdad.
Me exigía.
Me preguntaba por qué no me alcanzaba nada.
Por qué, si lo tenía todo “tan claro”, seguía sintiéndome perdida.
Y ahí entendí: no se trata solo de entendernos. Se trata de vivirlo en la piel.
Mi sensibilidad no era el problema.
Mi ritmo lento no era un defecto.
Mi necesidad de belleza, profundidad y verdad no era algo que tenía que explicar.
Empecé a volver a mí.
No a la versión ideal, ni a la que los demás esperaban.
Volví a esa parte de mí que se había quedado esperando ser abrazada.
Volví al cuerpo, a la respiración, al gozo, al silencio.
Volví a lo simple. A lo que me nutre. A lo que me hace sentir viva.
Y desde ahí… empecé a crear una vida distinta.
Una vida que no me drene a cambio de encajar.
Una vida que no me exija matar partes de mí para sobrevivir.
Una vida donde pudiera sentirme, sostenerme, y florecer en mi propio ritmo.
Hoy, cada cosa que creo nace desde ese lugar.
Desde el deseo profundo de que otras mujeres sensibles como yo, como tú, encuentren su raíz y su ritmo.
Que no se sientan solas, ni demasiado, ni incomprendidas.
Que recuerden que el disfrute no es un lujo,
Es el lenguaje de un alma que volvió a casa.
Romy